miércoles, 30 de julio de 2008

RECORRIENDO LOS CAMPOS DE GÓMARA. NOMPAREDES

23 de julio 1983

Situado a una altitud de 1.074 metros, en el kilómetro 7 de la carretera de Tejado a Morón de Almazán; también se llega a él, por la carretera de Almazán-Gómara-Almenar, en el kilómetro 20, parte el desvío hacia Serón de Nágima, que pasa al lado del pueblo. Merece la pena parar el coche, apearse y deleitarse, en el paraje denominado La Cepa, a 1.103 metros de altitud, entre Nomparedes y Bliecos, por la grandiosidad de las perspectivas paisajísticas que se pueden contemplar de gran belleza y contrastes.
Sin poseer (desde el pueblo) grandes paisajes y aún careciendo de obras arquitectónicas o artísticas especiales, es aconsejable visitar por muchas y muy buenas razones.
En mis “recorridos por los Campos”, parece ser que algunos que algunos no comprenden o quieren entender mis artículos, se sienten ofendidos, afortunadamente es una pequeña minoría, pero quiero y deseo dejar constancia, que lo único que intento al escribir sobre ellos y describir lo que de bueno y malo tienen, sus defectos y virtudes, es crear un ambiente mejor, una inquietud por conservar y mejorar los pueblos de la comarca, y Dios quiera que el de toda la provincia, con la creación de jardines; incrementar la plantación de árboles; cuidando, mimando e intentando salvar sus obras de arte, algunas (todas) con cientos de años de antigüedad y con unos valores históricos ya artísticos de incalculable valor; intentar, aún sabiendo que es luchar casi contra un muro de piedra, que los pueblos que se han abandonado, vuelvan a tener vida, pero una vida real, que sus casas se vuelvan a habitar, que vuelvan a tener gentes las 24 horas del día, los 30 días del mes y los 365 días del año; que no sean convertidos en cocheras y graneros. Que se den cuenta todos, no solamente los habitantes y ex habitantes de los Campos, si no todos los poquísimos que pueblan la provincia de la urgencia enorme que existe de esta recuperación total y general. De la necesidad de mejorar la vida rural con la creación de Centros Sanitarios y Médicos Comarcales; con Centros comarcales de enseñanza media, B.U.P; para evitar el alejamiento de los hijos; con creación de bibliotecas, asociaciones culturales, no solamente locales, si no fusionados en comarcales para mayor diversificación de actos, cines-club; piscinas comarcales; polideportivos, cubiertas y al aire libre, donde nuestra escasa juventud pueda disfrutar y mejorar sus condiciones físicas; creación de parques y jardines, pequeños o grandes en todos nuestros pueblos; fomentar la repoblación forestal a base de nuevas e interesantes especies, mejorar las condiciones de habitabilidad de todos los pueblos, chiquititos y pequeños, (grandes no tenemos ninguno) su casas; impedir que se hundan, vendiendo o alquilando a gentes que les guste el venir a residir con nosotros, aun cuando sea para esos “fines de semana “ que a la corta y larga es creación de riqueza en las zonas y en toda la provincia; fomentar, animar y crear el turismo en los Campos, que tantas y tantas cosas tiene para enseñar, admirar y deleitar, y que desgraciadamente tan desconocido es hasta para sus mismos habitantes.
Por eso, cuando mis críticas, algunas veces pueden resultar ásperas, duras o fuertes, han de pensar, y esto lo puedo jurar, s porque me duele, me hace que perciba un dolor terrible de pena e impotencia, el ver como de una manera fría e inconsciente, se va destruyendo lenta y constante, tanta y tanto arte, riqueza e historia, se van abandonando con triste y total desidia, el mejoramiento de los pueblos.
No puede decirme nadie, ni puede hacerlo, eso de: “Yo quiero a esta tierra “mía” más que nadie”, cuando con sus hechos demuestras que la realidad es otra, que sienten, (aun quizá sin darse cuenta), indiferencia y desprecio por la misma, si así no fuese, no se daría nunca lugar a tantos y tantos casos de abandono, y antes de “arreglar” algo, se lo pensarían muy detenida y seriamente, pidiendo consejo e información a personas que se encuentran capacitadas para ello.
Por eso, aseguro que mis críticas, cuando las hay, son constructivas, son, repito, para evitar un aniquilamiento total y además, puedo asegurar que todo, absolutamente todo lo que escribo es cierto, está a la vista del que desee comprobarlo. Mis escritos son como si se tratase de una cámara fotográfica, reflejo lo que está ahí, pese a quien le pese, repito que está ahí, ni lo he puesto yo, ni he añadido ni quitado nunca nada, ni he anotado algo que no pueda demostrar, pudiendo decir que “Al César, lo que es del César”.
Este largo inciso, tiene su motivo al escribir sobre el pueblo de Nomparedes, por considerar que tanto sus habitantes y cura, son dignos de un enorme elogio, por lo menos partir de este momento, y pido al Cielo no desmayen y continúen la labor emprendida, terminando de hacer su pequeño pueblo algo realmente digno de admiración y ejemplo para ser seguidos por todos.
Su iglesia, sin reunir valor arquitectónico digno de mención, es de estilo que podríamos llamar gótico, lo que demuestra que es de una sencillez enorme, al carecer de un estilo verdaderamente definido. Su construcción puede datar de finales del 1600 (siglo XVII), que en las iglesias de nuestros pueblos, puede ser considerado como “nueva”.
La conocí en un lamentable estado de conservación exterior y de bochornoso sin error ninguno a su interior. Pintada en su interior a base de cal y añil. La parte derecha e izquierda correspondiente al altar mayor, (también sin ningún valor artístico, que además tenía pintadas sus hornacinas en tonos de “azul cielo claro” también a base de cal y añil), estaba “hermoseado” por unas llamémoslas pinturas rurales, hechas por un aprendiz de pintor malo (en lo que respecta a arte litúrgico). Su suelo en un estado de conservación más que lamentable. En el exterior, en su parte derecha se levantaba un muro pequeño, con puerta de madera carcomida, que daba entrada al cementerio, y en su parte izquierda tenía (sigue teniendo hasta dentro de breves días) una caseta que creo que en oros tiempos era empleada como secretaría del Ayuntamiento.
Pues bien, concienciados y convencidos sus habitantes de la necesidad de salvar su iglesia, emprendieron la primera labor de arreglar las paredes y tejados. Metidos ya, como se dice en 2harina”, comprendieron que era infinitamente mejor efectuar una reparación en toda regla, tiraron el tejado de la torre, la nave y la sacristía, quitando las antiguas vigas de madera (muchas en malísimo estado y atacadas otras de carcoma) y construyeron (dirigidos los trabajos por un arquitecto o aparejador, no lo sé con certeza si fue uno u otro), una armadura de hierro y hormigón, que hará se mantenga sin peligro otros cuantos cientos de años. Hasta aquí, podemos considerarlo normal (por lógica) y sobre todo muy acertado.
Lo que considero realmente admirable, maravilloso, y sigan poniendo cada cual los adjetivos de admiración que desee, es que los tejados de torre, nave y sacristía, han sido puestos a base de teja, pero no de tejas nuevas, no, sino de tejas que han tenido que recoger de corrales, casas caídas y de otras ruinas, logrando de esta forma no romper en nada el entorno de la construcción clásica.
Después, rasparon los nervios de la bóveda y medias columnas, picaron y arrancaron los yesos, cales y pinturas de todo el frente del altar mayor, y de la mitad en altura de sus paredes, sacando a la luz la piedra en que está construida, restaurado y pintado en blanco el resto y las bóvedas. Levantaron el suelo entero, y conservando hasta la señalización en madera de las tumbas que existían de cuando efectuaban, en épocas lejanas, los enterramientos, ha vuelto a ser solado a base de ladrillo cuadrado de color rojo, típico castellano, hecho a mano, y adquirido a un existente (casi resulta increíble en estos tiempos), fabricante de la provincia, que siento no haber tomado nota del nombre y del lugar donde reside tal admirable fabricante-artesano, pero vaya desde aquí mi admiración a ese hombre.
En el exterior, el muro del cementerio fue tirado y vuelta a reconstruir a mayor altura, en piedra, y hasta mucho mejor trabajado que lo estaba anteriormente.
Hoy, al cabo de dos meses escasos de haber empezado ese trabajo, la iglesia ha cambiado tanto por su exterior y tantísimo por su interior, que es digna de ser visitada, ahora si tiene arte y calidad. ¡Cómo no va a tener calidad la piedra y el mantener algo tan nuestro y tan bonito!
He visto trabajar a todo el pueblo unido, he contemplado y admirado ver al cura con “mono” y “gorrilla” trabajando junto a todos, he tenido miedo de ver subirse a esos hombres a andamios montados y movidos por ellos, a una altura a lo mejor superior a 20 metros, rascando los nervios y pintando las bóvedas.
Me permitía el otro día aconsejarles que grabaran en piedra la fecha de empiece y terminación de las obras, como así mismo el nombre de cada uno de ellos, para constancia y admiración de las generaciones venideras. Por mi parte, les rindo un merecidísimo homenaje, tanto al curo Don florentino García Llorente, como a todos, uno por uno de los que han contribuido de forma tan desinteresada y maravillosa a rescatar, mantener y mejorar de tal manera una de nuestras iglesias, devolviendo y aumentando su arte y valor.
Dios quiera que sea verdad (cosa que no dudo será), que una vez terminadas las labores agrícolas, continúen embelleciendo al pueblo lo máximo posible, pues con su decisión, tesón y voluntad demostrada pueden llegar a convertirlo en algo único.
Está habitado por unos 17 vecinos, tiene agua corriente, luz, teléfono, alcantarillado, pavimentadas algunas calles (no todas). El Ayuntamiento está anexionado a Tejado. Tienen tienda y bar y algo también digno de admirar, teleclub y biblioteca, esto, si es también digno de tenerse en muy en cuenta.
Sus casas, casi todas, perfectamente cuidadas, son de construcción castellano-soriana, unas cuantas preciosas, y como dato, hay una a la entra de la carretera de Bliecos, que me tiene admirado; posee un rosal trepador en su entrada principal, que unido a la estructura de ella, obliga a parar para contemplarla.
Otro de los detalles que hay que elogiar, es que la única construcción de vivienda nueva, aún siendo moderna, guarda na estética (es bonita de verdad su balconada y barandilla de subida) que no rompe el entorno, felicito al habitante y dueño, que ha sabido mantener con gusto la unión de lo moderno y lo clásico.
En la carretera hacia Castil de Tierra, tiene ermita de 1750 o posterior, dedicada a la advocación de la Virgen de la Vega, que posiblemente, según los deseos expresados por el pueblo, quede dentro de poco convertida en otra pequeña curiosidad. Que así sea.
Aconsejo a todos los que deseen saber lo que se puede conseguir con unión, entusiasmo y amor por su pueblo, no dejen de visitar este Nomparedes, les prometo que merece la pena.
Para mí, el poder escribir así, es lo que realmente quisiera y deseo, pro desgracia no siempre se puede.

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