Alcocer: (Alcozar) Hace 14 años aproximadamente deseé escribir esto. Me alegro de no haberlo hecho y este momento es el más propicio para mí, por lo menos. El motivo es que hace unos cuantos años se publicó un libro, “El extremo de Soria” me parece que se llamaba, quiero recordar, del autor Hernández Lucas. Hernández Lucas era un personaje que por uno de los errores, que no solo ha tenido él sino bastantes más, citó como Alcocer a la Peña del Alcázar. Fue un error pero es lógico que le suceda a mucha gente. Después de él, ha escrito Aurelio Tejedor, también con unos errores, y segundo Antonio Ubieto que también ha cometido el mismo error. Todos han ubicado mal a esta población, algo que pasa en muchas ocasiones; tenemos el caso más famoso el de Numancia que llegaron a situarlo en Zamora; en un montón de poblaciones no muy alejadas cerca del Duero, era válido. La Peña del Alcázar, cuando la conocí, no era como está ahora; ha sido expoliada, arruinada, machacada, denigrada. Ha sufrido lo más repelente que puede suceder a una población. Se abandonó. Por cierto, hay una anécdota que quiero resaltarla y ponerla de principio que es que yo deseé bastantes cosas sobre la Peña del Alcázar y una de ellas era poseer unas cuantas casas para levantar aquello de alguna manera. Fui a un pueblo cercano donde sabía residía una familia que había vivido allí y que tenía dos o tres casas, mejor dicho, dos o tres montones de piedras en aquello que fue una población. Pregunté, no estaba el marido y la mujer con la puerta abierta nada más que unos cinco centímetros me preguntó: “¿Qué desea?”. Pues mire, contesté, yo venía a ver a …….”. (No recuerdo el nombre) “Si es mi marido y no está”. “Yo venía a que me dijera cuánto pide por esos montones de piedras que tienen ustedes y que fueron casas en la Peña”. La contestación fue maravillosa y menos mal que la respuesta no se quedó atrás: “¿Y por qué quiere comprarla?” “¡Hombre! Porque me interesa, lo quiero hacer”. “¡Claro! Usted quiere comprar esas casas porque sabe que allí hay un gran tesoro. Un gran tesoro hay en la Peña y usted lo sabe y lo quiere”. “Dije, no señora, está usted muy equivocada. El tesoro eran sus habitantes. Como sus habitantes abandonaron a la Peña, allí no hay tesoro ninguno; el tesoro eran ustedes que mantenían aquel pueblo. Al abandonarlo se ha perdido. Hoy en día eso ya no vale nada, falta la materia prima que son las personas, los habitantes”. Así quedó la cosa. Luego procuré que se instalase el museo de las campanas. Seguro que hubiese sido la única solución para salvar tantas como fueron expoliadas de los campanarios de los pueblos. Intentaba localizar cuál era el Alcocer del Mío Cid, del poema; no lo lograba porque hay otro Alcocer en Guadalajara que podía competir perfectamente con el Alcocer de Soria. Estaba convencido de que era el de Soria; no sé porqué pero si puedo asegurar que la Peña del Alcázar o Peñalcázar no pudo ser atacada por sus ochocientos caballeros, era imposible que la tomasen. Además era absurdo la pérdida de tiempo en aquella fortaleza agreste y con tantas defensas. Por lo tanto, tuve que buscarme el Alcozar-Alcocer de Soria. Hice una visita, subí hasta la ermita, vi el castillo, ¡Bueno el castillo!, esas rocas que quedan aún del antiguo castillo que había allí en un altozano, frente a la ermita encima de la población, del pueblo. Volví; volví ya no solamente por citar al Cid sino porque admiré el maravilloso artesonado que guardaba la ermita, y ahora saltan lágrimas; la ermita tan bella, la ermita de Nuestra Señora del Vallejo, frente al castillo y al fondo, el valle amplio, grandioso. Allí arriba se encontraba la ermita, con un artesonado sublime, maravilloso del que me enamoré y dije ¡Qué pena que un día se pueda destruir! No, no, no me equivoqué, ya está destruido. Desgraciadamente, hace cuatro días, cuando lo visité por última vez, no pude entrar a la ermita porque estaba atrancada la puerta de la entrada con unas vigas artesonadas que habían caído y aquel artesonado tan maravilloso está desecho por dentro. Era preferible llamar a un anticuario y vender todo eso antes de que se destroce una belleza de esas. Hernández Lucas lo confundió con la Peña del Alcázar, pero yo también me confundí porque me creí en un momento que pudiera ser Alcocer de Guadalajara donde hubo una gran batalla, que se desarrolló allí, entre el conde García Fernández y el gran militar Almanzor que hizo correr a todos los cristianos. Se puede ver en el poema del Mío Cid si alguien se atreve a disfrutar, como yo podía hacerlo leyéndolo en el castellano puro y antiguo con el que se escribió. Ahora, eso ya parece que molesta a la gente pero es una pena porque se disfruta mucho. Ahora bien yo aconsejo a todo el mundo, y esto también va para el amigo Juan Antonio Marco, archivero del Ayuntamiento de Soria, una gran persona y un gran personaje también, y voy a convencerle de que se acerque a Alcocer, vea las cosas del pueblo, que suba a la ermita; a la izquierda de la ermita está el cementerio, pero hacia la derecha, teniendo cuidado de no perder el pie y salir rodando, puede contemplar, sentándose en el suelo, o si alguien tiene el capricho, como lo tengo yo, fotografiar estas cosas tan bonitas para poder justificarlo plenamente, comprobarán que en el valle en una gran explanada, debajo de la ermita y debajo del castillo, hay un espacio abierto, precioso, no es una belleza incalculable es muy bonito, si desde este punto entornan los ojos, se remontan unos cuantos cientos de años atrás, podrán ver, con un poco de imaginación, que allí pudieron establecerse con espacios amplios las tiendas de campaña para ochocientos caballeros y la mesnada a pie. Que yo me dedique a explicar algo del Cid y de Alcocer me parece absurdo completamente puesto que todo el mundo lo puede ver en el poema del Mío Cid que hay traducciones perfectas que dentro de un orden, y si no quieren sacrificarse un poco y esforzarse en leer en la lengua tan preciosa del castellano puro, bueno pues una traducción también es cómoda y se puede enterar perfectamente. Allí sentados lo pueden comprobar haciendo fotografías, y sin hacerlas, no hace falta. Pueden subir, bajar al valle, enfocar con las cámaras hacia la ermita y el castillo, bueno hacia los restos de las piedras que son un montón de ellas a pesar de que no era un gran castillo. Pero lo que más me gusta demostrar que Cid era aparte de un hombre muy grande porque según dicen tenía más de dos metros de estatura y una fortaleza impresionante el peso de sus espadas que él usaba, no era precisamente de corcho, ni de maderitas pues estarán de acuerdo de que el Cid lo conquistó porque ver allí abajo, en las tiendas, aquel pequeño ejército que él llevaba y le seguía a todas las partes. Llevaba unos caballeros entre los que había uno que a mí me tiene muy entusiasmado. Era Minaya. Hay un pueblo en la provincia de Albacete, cerca de la Roda, que se llama Minaya. Y yo quisiera saber algún día si aquel Minaya, llegando en camino hacia Alicante, pues también dejó su nombre en aquella población. Súbanse al castillo, a la ermita y a la explanada, cierren los ojos, mejor entórnenlos, no los cierren porque se pueden caer, y miren al fondo. Verán las tiendas los gallardetes, los caballos y los caballeros. Si no lo ven, no se molesten porque la verdad, la belleza está también en la imaginación. Si no sabemos situar las cosas, malamente. Eso nos demostrará que el Alcocer aquel, es el que el Cid Campeador conquistó, al poco tiempo lo vendió, lo volvió a conquistar. Bueno, hizo lo que le dio la gana, que para eso era el Cid Campeador. Ya tenemos fijo Alcocer. Ahora vamos a mirar un poco la situación de la ermita de Nuestra Señora del Vallejo. Del castillo ya no existe nada porque seguramente pasase como en tantísimos pueblos que la gente para construir una casa, un ayuntamiento o una casona, quitaron las piedras de palacios, de castillos, de las ermitas, de donde hiciese falta con tal de tener piedras. Digamos que es normal. Tuve el placer en Alcocer de conocer a una señora de nombre Gloria Pastor, natural de Alcocer, que reside normalmente en Zaragoza aunque temporalmente, porque cuando llega la primavera vuelve a Alcocer y se marcha después del Pilar volviendo a Zaragoza donde viven también sus hijos, Miguel Ángel y Pilar. Ella se molestó en enseñarme todo el pueblo; lo único que no pude ver fue el interior de la iglesia, pero tampoco merecía la pena. Si vi lo que fue el antiguo Ayuntamiento, porque claro este pueblo ha perdido su calidad de municipio y ahora es un agregado de Langa de Duero, el cual le han convertido en una especie de museo local bonito de verdad, donde se exhibe la vida de Alcocer: Posee su habitación con la cama, la palangana, el orinal, la silla, la cocina castellana pura con fuego de pie y una chimenea, tiene la cantarera con sus cantaros, una mesa con dos sillas y el porrón. Algo muy curioso. Hay una cosa sobre todo que me cautivó por que no lo había conocido y ojo que conozco muchas cosas; no lo había visto nunca; ha sido la primera vez que lo veo. Pensé que era un cantarera extraña con un agujero y otros dos un poco raros; pero una cantarera, de manera que entre dos personas podían llevar tres o cuatro cantaros, no lo sé. Pero no, no era eso. Era una cosa mucho más sencilla. Se trataba, nadie se lo puede imaginar. (en la fotografía que pongo del museo la pueden ver) ¿Cómo se llama? Era un andador infantil donde se ponía a los niños y ellos corrían evitando caerse y ni darse golpes. No digo que no; posiblemente, pero los niños siempre se han caído con el andador ese y sin él; con chichonera o sin chichonera, y se han hecho chichones, eso es inevitable, antes, ahora y creo que seguirá siéndolo, era sumamente original. ¡Cómo para imaginarme que era un andador! ¿Por qué? porque tiene el asiento central donde ponían al niño, de manera que pudiera andar hacia delante o hacia atrás, empujando con los pies. Muy original, pero sobre todo curioso para los que nos gusta ver estas cosas ¡Admirable! Luego tiene una pequeña habitación con una cama y libros; también tiene lo que es una sala de escuela, de las escuelas de antaño, con el mapa, los pupitres, un ábaco, su pizarra, los pizarrines las tizas. Todo muy original y muy atractivo. Pero no queda ahí la cosa. Fui a ver otro pequeño museo que tenía un montón de cosas amontonadas pero lo curioso era que está instalado en el lavadero público, donde iban las mujeres a lavar y darle con la pala a la ropa, pensando en otras cosas al pegar con la pala, aunque creo que alguna vez han debido lavar la ropa. Evidentemente ya no tiene agua, pero allí según me dijo Gloria, se encuentra un reloj grande que debe ser el que había en el castillo hace años. Yo no lo he llegado a conocer, entonces hace catorce años ya se había quitado. Claro también había caído el castillo; en él se encuentran azadas, serruchos y arados romanos, que se han estado usando hasta la aparición del tractor, todos los aperos necesarios, además las tijeras de podar y las de trasquilar a las ovejas; todo eso lo tienen allí amontonado junto a muchas otras piezas que resulta imposible de definir una a una. Lo mejor es ir a verlo y darse un paseo por Alcocer, un pueblo que fue y conquistó el que conquistó media España para su Rey. Siempre he pensado una frase que ha de ser cierta. Un rey moro de Zaragoza le dijo al Cid: “Habéis conquistado Valencia, además con la ayuda de él, porque le ayudó a conquistar Valencia a los moros, poneros la corona de la ciudad” Y dijo: “No, pertenece a mi rey”. También que tenía el rey es como el que tenían los españoles que le llamaban Fernando, el de las canciones infantiles que usaba palala, pelele, pilili, pololo, pululu, una canción que se cantaba utilizando una vocal en cada estrofa. Pues cuando lo echaron de una patada el emperador Napoleón, el pueblo se sublevó, el pueblo quería que volviera el rey Fernando, y Napoleón decía:” ¡Lástima de pueblo que muere por defender a un rey que no merece serlo!” Bueno, pues aquel rey del Cid Campeador tampoco merecía serlo, pero el Cid Campeador luchaba para darle todo a su rey, en fin ¡Qué Dios nos ampare! Y sigamos hablando de Alcocer que es lo nuestro en este momento. La entrada del pueblo es sencilla, está pavimentada y el pueblo está bien conservado y atendido. Pero tiene un único defecto y es que no tiene habitantes. Gloria una maravillosa y joven mujer, de aspecto juvenil merece mi felicitación. Sabe vivir, cuidar su pequeño jardín, sus flores y es feliz por aquí. Así que animo a todos los sorianos y a todos los aficionados a la historia a conocer aquel lugar. Verán que no han perdido el tiempo y merece la pena. Muchas gracias si me hacen caso, y sino peor para ustedes. |
lunes, 4 de febrero de 2008
ALCOCER AYER
domingo, 3 de febrero de 2008
HIUERTELES AYER Y HOY PERTENECE AL HOY
El Hoy de Huérteles He venido a escribir de nuevo un reportaje sobre Huérteles, un poco porque es un pueblo que me ha entusiasmado siempre. Primero porque era el pueblo de Soria que más habitantes jóvenes tenía; la juventud en aquellos años en Huérteles era importante. Ahora, que he vuelto, estoy otra vez con una de esas jóvenes, Dolores Espuela, me gustaría que me hablara de ella y de su grupo de 7 amigas. “Pero ya no puedo hacerlo, desafortunadamente”, dice Dolores. ¿Por qué? ¿Todas se han marchado? Sí, básicamente. O sea que tú eres de las que has clavado la espuela aquí y has dicho aquí me quedo. Supongo que sí, de momento, mientras las circunstancias… ¡Hombre!! No me abandones Huérteles. Vamos a ver si esto sirve para algo, y creo que puede ser utilizado ya que mis reportajes siempre han servido para muchas cosas, esperando que ahora también sea así. ¡Bien! Recuerdo que el pórtico de la iglesia era una de las piezas que existían en este pueblo. A su lado izquierdo, estaba el tronco del olmo muerto que me cautivó, era espléndido. Desgraciadamente no le hice fotografías en aquel instante y ahora, ya no se las puedo hacer porque ya no existe. Pero mi pregunta es la siguiente: Sinceramente ¿tú echas de menos aquel olmo? Bueno, supongo que sí como un elemento más del pueblo pero, en fin, todo ha cambiado mucho. Y claro, como todo, todo se muere. Exacto. El olmo ya estaba muerto. Hubiera sido muy bonito conservarlo. Ahora hay otra cosa en su lugar. Un joven y bello abeto que también puede significar algo. Sí claro es así, que renace la fuerza, la alegría y el deseo. Ojala ello significara la recuperación de que Huérteles era el pueblo con más habitantes jóvenes. Sí, puede ser así. ¿Cuántos jóvenes hay, por ejemplo, hasta los 20 años? Ninguno. ¿No existe ninguno? No, ninguno. Han pasado los años y no ha vuelto a nacer nadie. ¿Cuánto tiempo hace que no nace nadie en el pueblo? Pues mucho; probablemente yo no sea porque yo vivo aquí pero no he sido la última que he nacido porque después lo hicieron otros. ¿Hay inmigrantes aquí? Sí, pero tampoco son muchos. Al revés. Además, hasta los inmigrantes son pocos. ¿Alguno tiene niños? Ahora mismo, no. Ha habido niños pero ya se han ido. O sea que los niños no existen en este pueblo desde que vosotras dejasteis de ser crías. Sí, así es. ¿Alguno regresa con añoranza o solamente porque sus padres les dicen que vengan al pueblo? Sí, si claro. Algunos vienen. ¿Cuántos calculas que con treinta años vengan al pueblo una o dos veces al año? Bueno, la verdad, no es que vengan muchos pero vienen porque les gusta reunirse aquí. ¿Tienen añoranza? Yo creo que sí. Bueno mientras la añoranza exista, es importante. ¿Qué desearías para este pueblo que yo considero estupendo? Que quien decida vivir aquí pueda hacerlo en las condiciones de vida que puedan ser halladas en cualquier otro lugar. ¿Tenéis los médicos en San Pedro? pero tenemos un buen servicio médico. ¿Y los colegios también allí? Sí, claro. ¿O sea que aquí no tenéis nada? No. ¿Móviles solamente? Y a veces sin cobertura. ¿Y teléfono fijo? Si que tenemos. Además con todos los servicios que se mantienen para poder vivir dignamente como puede vivir una persona en cualquier otro sitio. ¿Farmacias y veterinarios, también en San Pedro? Sí, pero hace todos estos años tampoco lo había. ¿Y cuántos kilómetros hay hasta San Pedro? Diez. Vale, pero repito la pregunta. ¿Qué desearías ahora para Huérteles? Pues que se pueda seguir viviendo con dignidad en este pueblo, sin que nos quedemos aislados. ¿Cómo se porta la Diputación con los pueblos? Bueno yo creo que bien. Deduzco de tu contestación que no quieres saber nada de ellos. ¿Pero por qué? Supongo que detrás de todos los temas hay algo más. Sí, claro pero es que en la política no es solamente que sea el partido tal, o el partido cual sino que se trata de hacer mejoras para los pueblos, que la Diputación haga su verdadero servicio. Bueno he visto que tenéis depósito de sal pero, además, ¿qué otras cosas necesitaría Huérteles? Ya he dicho que cosas puntuales pero necesarias para que cualquiera que decida ir a vivir al pueblo, no diga que no puede ir porque no tiene servicios, ni carreteras, puede quedarse aislado y el pueblo está alejado de la mano de Dios. Pediría todo aquello que hace falta para que una persona decida venir a vivir porque aquí tiene todo necesario para ello. El pueblo se conserva bien gracias a vuestro esfuerzo y sacrificio. ¿Pero creéis que debéis seguir haciéndolo? Pues no por eso digo que algunas cosas deberían mejorarse para hacer más atractivo el pueblo. Al bajarme del coche me he fijado que tenéis una especie de campo de fútbol con dos porterías a la derecha y me he comentado: ¡Caramba como tienen que jugar aquí los chavales! Son móviles y pueden ponerlas donde quieran. ¿Y tenéis también para jugar al baloncesto? Si, hay unas canastas también móviles. Bueno, para terminar mi deseo es pedirte que sigas en el pueblo. Sí, claro pero no sé si va a poder ser y la decisión no va a depender tanto de mí como de todo lo que me rodea. Bueno pues procuraremos cargar tintas |
HUERTELES AYER Y HOY.- PERTENECE AL AYER
Huérteles AYER, una localidad con una media de edad joven entre sus habitantes Antiguo municipio hoy agregado como barrio a Villar del Río, está situada en la carretera C-115 de Soria-Calahorra, a una altitud de 1.278 metros y bañado por el río Ventosa. En el año de 1967 su población era de 420 habitantes, hoy no supera los 90, pero curiosamente este pueblo, al contrario de lo que sucede en otros de mucha mayor población, tiene mayoría de gente joven, niños ninguno (una pena); jóvenes de 15 a 35 años, 22; de más de 65 años solamente 15; quedando 55 entre los 35 y60 años; lo que da una media de edad que –repito- muchos pueblos con más habitantes quisieran para ellos. ¿Los motivos?, pues, francamente, no he sido capaz de situarlos con la necesaria actitud para comprenderlos. No sé si alguno del pueblo sería capaz de conseguirlo, pero la realidad es que es uno de los pueblos con media más joven de toda la comarca. Tienen agua y luz más que suficiente, toda las calles pavimentadas, saneamiento y alcantarillado, teléfono (automático) en casi todas las casas, bien conservadas y cuidadas, excepto dos o tres que se encuentran en estado de ruina o semiruina. El médico reside fuera del pueblo, pero acude todos los jueves a pasar consulta en el consultorio que hay situado encima del Centro Social y tantas veces como son recurridos y solicitados sus servicios. Carece de ningún tipo de comercio, surtiéndose de lo necesario por medio de la venta ambulante que acude al pueblo, y en los comercios de San Pedro Manrique. Solamente dispone del Centro social, local con bar atendido por una persona del pueblo. Durante el invierno solamente se abre por la noche y durante los meses de verano, también por las tardes. El cultivo casi único es el cereal, concretamente trigo y cebada. Carece de ganado de cerda, de vacuno cuenta con unas 70 cabezas, siendo el lanar, ganado trashumante, el más importante con más de 3.000 cabezas. Las huertas, al hacerse la concentración parcelaria, se han abandonado como tales y hoy se cultivan también de cereal. Como casi todos los pueblos durante los meses de verano su población se ve incrementada en doscientos habitantes, pero, como ya digo al principio, también como todos, esa población es sólo de mes y medio. Lo que más me impresionó de todo el pueblo es un olmo, mejor dicho, un viejo tronco del que un día debió ser un impresionante olmo, que se encuentra dentro del atrio de la iglesia. Alto, recio, rugoso, imponente y altanero, pero muerto, un muerto que se niega a rendirse intentando mantener un imponente y tétrico aspecto o como si se tratase de una extraña escultura majestuosa que quisiese reflejar la grandeza de que gozó un día no muy lejano. Me hizo meditar y pensar ¿no serás tú, viejo tronco, un reflejo de nuestros pueblos? Pudiera ser así, fiel reproducción de los mismos y al igual que ellos tuviste vida, alegría, verdor de gran esperanza de ser admirado y amado, refugio de los que buscaban la sombra y la tranquilidad en duros días del estío, tú, al igual que los pueblos fuiste cobijo de pájaros donde seguramente cobijaste los nidos que sirvieron para crear nueva vida en tus ramas y hojas debieron de quedar sujetos trinos y cantos de jilgueros y gorriones y debajo de ellas las canciones y risas infantiles que debían de llenar la alegría al pueblo y, hoy, todo acabó; perdiste tus ramas, hojas y belleza viva, los nidos, los trinos de las avecillas, dejaste de dar sombra y frescor, te secaste por falta de cuidados, mimo y de amor y entonces te abandonaron los niños también, se acabaron las canciones y las risas. ¿En qué te convertiste viejo olmo? Sólo en un viejo y añoso tronco, solitario, triste, que sólo puede vivir del recuerdo de tu antigua belleza, de tus recuerdos. Pero tú al igual que el pueblo, al igual que todos los pueblos, manteniendo su majestuosa y triste figura puedes al igual que ellos resurgir; tus raíces no han muerto, por ellas corren aún las gotas de nueva savia que te pueden volver a resurgir dándote una nueva belleza que unida a la ruina de tu antiguo esplendor te haga de nuevo tener junto a ti una vida más bella y mejor. Estos pensamientos son los que, sin querer, sin darse cuenta, se tienen contemplando ese viejo tronco del olmo del atrio de la iglesia. Comentando sobre ese viejo monumento, esa ruina, con unos jóvenes del pueblo, creo recordar que les dije: Cuidarlo, respetarlo y admirarlo tiene demasiada importancia, es un símbolo tan bello que no merece jamás permitirse que desaparezca. ¿Sentimentalismo, romanticismo, amor? ¡No lo sé! ¿Pesar, tristeza, pena por la concomitancia olmo-pueblos? ¡Sí!, evidentemente, eso sí es. En este pueblo, donde la edad media de sus habitantes es relativamente joven comparada con infinidad de otros, es donde se puede pensar que pueden volver a brotar nueva vida y esperanza. La iglesia carece de interés arquitectónico, ni exterior ni interiormente. Debió ser construida, seguramente, a mediados del siglo XVI, reconstruida, posiblemente, por hundimiento de la nave, a principios de 1800 quedando solamente de su primitiva construcción la parte correspondiente al altar mayor. Solo hay que destacar como detalle curioso la instalación de la pila bautismal en la parte posterior de la nave, colocada seguramente a mediados de los años 50, que reúne sencillez exquisita no ausente de dulce belleza. Aun encontrándose dentro de la zona denominada como Tierras Altas este pueblo no ha sido afectado por la repoblación forestal del 73, bueno, en realidad sobraba este comentario al empezar diciendo que sigue habitado. No quiero dejar de resaltar lo agradable que resultó el poder conversar, primeramente, con María Dolores Espuelas, joven de 17 años, estudiante durante los días lectivos en Soria y que me confirmaba que prefiere encontrarse en el pueblo los días que le dejan libre los estudios, sábados, domingos y fiestas. Y la de otros de jóvenes que junto a María Dolores pude mantener una agradable conversación; me dejaron impresionado por un halo que transpiran sobre la satisfacción de encontrarse viviendo en su pueblo. A vosotros, a vosotros jóvenes, sólo os pediría una cosa: Entre todos podéis limpiar y dejar libre de maderos la parte izquierda del atrio, un poco el suelo de hierbas, arreglar y embellecerlo con la plantación de alguna planta y conservar ante todo el monumento del viejo tronco del olmo. |
sábado, 2 de febrero de 2008
AYERYHOY DE HUERTELES.-EL OLMO MUERTO
EL OLMO MUERTO Pertenece al ayer No hacía dos horas que me encontraba visitando el pueblo de Huérteles, situado en la zona conocida como Tierras Altas, de la ensoñadora provincia de Soria, cuando vi, dentro del atrio de la iglesia, en la parte izquierda, aquel añoso, viejo alto e imponente tronco de un olmo que debía hacer unos cuantos años dejo de tener savia y vida. Me senté en un banco corrido de piedra que hay en el frontis de la entrada al templo. Una vez acomodado dentro de lo posible por la dureza del asiento, me dediqué a mirarlo detenidamente. Sentíame admirado, maravillado de su corpulencia, esbeltez, arrogancia y enorme belleza. Entorne los ojos ignoro si por la fuerza de la luz del astro rey o para imaginármelo con vida y toda grandeza que un día no lejano debió tener. ¿Qué habría visto y presenciado durante su existencia? Su situación era de privilegio, desde donde habría contemplado bautizos, muertos, comuniones, bodas, réquiem por los difuntos. Sus ramas podrían conservar perfectamente guardados los sonidos de las campanas tocando al ángelus, gloria, arrebato, a concejo, a las fiestas, a muerto, seguramente escuchó el toque lúgubre durante toda la noche y madrugada, rítmico y monótono, producido por las campanas el 1 de Noviembre. ¿Qué quedaba de la vida de un pueblo que, al igual que él, se encontraba solo, viejo, añoso y olvidado? Cuánto me gustaría dialogar con él, preguntarle y que contestase todo lo visto y vivido durante los muchos años de su existencia. ¿Qué sucedidos serían los que con más cariño recordarse, los más dulces, dolorosos, alegres, tristes y felices y aquellos que más le impactaron y si sus sentimientos serían de mimetismo absoluto? ¡Pena es que los árboles no hablen! ¡Lamentable carezcan del poder de la palabra y de la inteligencia! Te equivocas joven y permíteme que te hable así porque podrías ser, si de mi especie fueses, el recién nacido de mi séptima generación. Sobresaltóme aquel comentario. Sólo podía haber sido efectuado por el olmo. - No te cause extrañeza, no intentes buscar explicación, esta es mucho más lógica de lo que tu mente puede imaginar. - Los árboles, siguió diciendo, al igual que los animales, incluyendo a los humanos, somos seres vivos y tenemos unos poderes que hemos desarrollado a lo largo de los siglos. Nuestro organismo se diferencia completamente de los demás seres vivos, eso no creo que ya que explicarse por bien sabido. Los hombres creéis que cuando alguien nos golpea carece de importancia, algunos pensáis en ocasiones, ya que esa facultad es carente en muchos de vosotros al igual que en los de mi género, que no sentimos ni padecemos ¡Oh, cuán equivocados os hayáis! Nosotros podemos estar comunicándonos al estar utilizando contigo un sistema ultra sensitivo y sensorial equivalente a ondas telepáticas que en rarísimas ocasiones podemos usar debido a la increíble dificultad de hallar a un humano que tenga las facultades de percepción como tú. He escuchado tu pensamiento de mí, me ha gustado y enternecido, he comprendido tus sentimientos en los que hallo enorme sensibilidad, decidiendo ponerme en contacto contigo para mantener un diálogo de información y respuestas a las que se interesantes preguntas que deseas formular. Comprenderás al terminar nuestra conversación que no siempre lo que ves o piensas que estás viendo es así. Muchos años son pocos para hallarme en este estado, pero repito que nuestra vida, al igual que la vuestra, se acaba a los pocos días, meses, años o siglos. Nosotros hasta los cuarenta o sesenta años no nos consideramos adultos, también es cierto, fácilmente puedes comprender que el tiempo llamado edad es bastante distinto para unos y otros, para ti cuarenta años son muchos, para nosotros es el comienzo, recuerda que existen congéneres cuya longevidad, en este caso también para nosotros es de más de setecientos años. Pregúntame cuanto quieras. Innecesario es que utilices la voz si no te apetece puesto que como ves nuestra comunicación hables en voz alta, piensa lo que deseas como información que yo percibiré tus ideas lo mismo que por mi parte te transmitiré la contestación. - ¿Qué es lo que más feliz te haría y mejores recuerdos mantienes? - Compleja y difícil es tu pregunta, ten en cuenta que pertenezco a la especie de hojas caducas y por lo tanto no puedo fijar un hecho diferenciado según las circunstancias, las estaciones del año importantísimas para mí, nunca es igual primavera-verano con respecto al otoño y menos el invierno. - Hablemos entonces de las estaciones más bellas que tuviste, que sin lugar a dudas, serían primavera y verano. - Cuan equivocado te encuentras, me parece increíble que un joven sensible, algo romántico y soñador como tú, no comprenda que todas ellas son hermosas, posiblemente por eso mismo. - ¿Es cierto que las estaciones que has mencionado son enormemente cautivadoras? - ¿Imaginas por un momento lo estupendo que representa cuando la nieve cubre tus ramas y el suelo? Eso es grandioso, ¿sabes que la acumulación de copos por la noche quedan helados para terminar con los insectos que camuflados en nuestra corteza se preparan para atacarnos y alimentarse de nosotros en los meses primaverales y del estío? De todas, el otoño es la más triste, solamente me consolaba el ver los tonos de las hojas según van desprendiéndose de las ramas, la plasticidad y el cromatismo que adquieren es lo único que consuela el dolor de perderlas e ir viendo como nuestro cuerpo se empieza a desnudar ocasionando un gran dolor. Me has preguntado, continuó con su diálogo, que es lo que más me impresionó refiriéndote al estío, según me ha parecido deducir. En esos meses de verano, sobre todo los de julio y agosto. Hace unos sesenta años aproximadamente este bonito pueblo, en ese punto seguramente estarás de acuerdo y reconocerás que es precioso, era habitado por bastantes personas y aún cuando parezca increíble, contaría con más de treinta, entre niños y niñas. Era costumbre que a la caída de la tarde, cuando el cielo toma los tintes rojizos del próximo anochecer, el reunirse los adultos en el atrio, ocupando esos bancos corridos adosados al frontis, en el mismo que tú ocupas, los hombres separados de las mujeres posiblemente porque venían a dar a la lengua mientras hacían punto; eran las de más edad ya que las jóvenes casadas o solteras de edad se encontraban preparando la cena y la comida del día siguiente para aprovechar éste en ayudar a los hombres en las tareas del campo. Los pequeños se situaban bajo mis enormes ramas y cantaban y jugaban a sus juegos infantiles. Después he sabido que aquellas canciones y juegos eran iguales en otros lugares y pueblos, aún estando muy lejanos. Había dos cancioncitas que siempre me ilusionaban por su candidez y entusiasmo. Espera, intentaré recordar algo de ellas. Una decía así: “Al corro de la patata” esto lo cantaban cogidos de la mano y formando un círculo, avanzando y retrocediendo según las notas o levantándose y agachándose en algunas ocasiones. Pero sigo con la canción: “Comeremos ensalada como comen los señores, naranjitas y limones, achupé, sentadita me quedé”; y en ese momento, tal como decía la letra, se sentaban en el suelo. Fíjate que digo que se sentaban las niñas, jamás los niños. La estrofa final es: “Agachadita me quedé”, por lo tanto los niños no podían admitir el femenino, muy celtibéricos son los habitantes de este y otros lugares de Tierras Altas. Al paso de tantos años y oír tantas y tantas veces esta misma sonata que la cantaron los hijos de los hijos durante largas generaciones, nunca he podido entender que tuviese atractivo algo tan absurdo e incongruente. Eso me enseñó a no intentar comprender al género humano son realmente absurdos e incomprensibles. Otra que haciame temblar desde los brotes de la copa hasta el último filamento de mis raíces era: El tronco demostraba encontrase entusiasmado con sus recuerdos y relatos y por mi parte tan interesado que no osaba pensar en nada para no distraerle, pero saqué la pluma y el bloc comenzando a anotar todo el comentario y relato de mi ya buen amigo, el viejo tronco, con el fin de no olvidar ni una sola sílaba. El continuaba un nuevo relato y me prepare para absorber la más insignificante letra. - Aquella otra la interpretaban de diversas maneras, comenzaban situados en círculo, uno frente a otro u otras, cambiando de vez en vez de lugar, sitandose uno en el lugar por el de en frente; en otros momentos se cogían de las manos o giraban; otros apretaban o ensanchaban el círculo o formaba la circunferencia unidas las manos de y también se agachaban en ocasiones. Sigo: “El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás. Se nota que son retoños humanos ¿Verdad? Donde estará la originalidad del patio, cuando demuestra a continuación que son todos idénticos, sin tener ninguna diferenciación, seguía más todavía: “Agáchate y vuélvete a agachar, que los agachaditos no pueden pisar”. Qué bobadas, si se agachan, y lo hacían, es mucho más fácil poder pisarles. En fin, dejaré los comentarios para finalizar, sino, se hará muy larga la referencia y el relato. Continuaban así: “H, I, J, K, L, M, N, A, y si tú no me quieres otro/a niño/a me querrá. Corre, corre, que te pillo, estirar, estirar. Corre, corre, que te pillo, agachar, agachar que el demonio va a pasar”. Como puedes comprobar es de lo más tontorrón que imaginar se pueda. Claro que te estoy recitando algo que con seguridad tú también conoces ¿verdad? - No te preocupes, puedo afirmar que jamás la he oído cantar ni explicar mejor que tú lo has hecho. Prosigue con tus recuerdos, por favor, no te entretengas. - Prosigo, pues no te cansa el relato. A pesar de lo bobo de las canciones reconozco que tenían algo bueno, posiblemente fuese la ingenuidad de los pequeños o el entusiasmo que ponían. Durante las horas de medio día, esas que el sol deja caer sus rayos con más fuerza que Júpiter bajo mi frondosa sombra resguardándose de los mismos, los niños solían jugar al gua, consistente en hacer un agujero en el suelo y empleando unas bolas, las más cotizadas para ellos eran aquellas que habían sacado de las botellas de gaseosa, eran de cristal. Me parece que me despisto un poco, puede que tú no hayas tenido el placer de conocer aquel tipo de envase, puedo asegurarte que era un encanto ver a los niños o adultos mover con fuerza el casco del cristal, empujar hacia dentro la bola que obstaculizaba la salida del agua azucarada y gasificada, levantarla sobre la nariz y recibir en sus bocas el fuerte chorro del líquido. En esos años, el tomar una de esas gaseosas era un verdadero artículo de lujo. Mientras los niños jugaban al gua, las niñas aprovechaban el espacio, siempre bajo la protección de mi sombra, para jugar a un juego conocido aquí alunela, sin embargo cuando podían también les gustaba participar en él, consistente en pasar un tejo o piedra plana mediante un pie, el otro lo mantenían encogido por unos cuadros pintados. Sí, eran bellos años de los que guardo gratos recuerdos. Innegable es la felicidad que sentía cuando las puertas de la iglesia abrían para dar paso al bautizo de un pequeño y mucho más a la salida ya que en esta ocasión los padrinos del bebé tiraban monedas y caramelos a los niños que se habían reunido bajo mis ramas, los momentos eran muy felices, de verdad que lo eran. También en múltiples ocasiones los niños no solamente me producían felicidad, había momentos de dura desesperación y tristeza cuando unos cuantos apostados bajo las ramas y provistos de un tirador o tirachinas, que consistía en dos gomas cogidas a una horquilla de madera, metal o alambre enroscado y con un trozo de badana al final de las mismas donde depositaban una piedra o plomo y furtivamente se dedicaban a vigilar donde estaban situados algunos gorriones o jilgueros, que lo único que hacían esas bellas y cantarinas aves era deleitar el ambiente con su musical trino o gorgojeo para una vez que los localizaban tensar aquellas malditas armas y apuntando a las pobres avecillas disparar la piedra o plomo para terminar con su vida y regocijarse cuando la certera pedrada o plomazo había terminado con la vida de uno de los pajarillos, quizás en uno de los momentos donde su garganta cantaba pletórica de orgullo a la vida. Eso era doloroso, los pajarillos pensaban que mi protección con ramaje y hojas era suficiente para evitar el ataque absurdo y cruel de aquellos niños, por eso cuando caían al suelo muertos creía oír que decían: ¿Por qué han permitido que nos abatan bajo tu manto? Estoy seguro que en esos momentos la savia que recorría mi tronco y llegaba hasta la última hoja de mis ramas se paraba y su fluidez quedaba durante unos segundos interrumpida. Pensaste hace un momento sobre los toques de las campanas de la iglesia. ¿Sabes por casualidad que conozco más de treinta y siete clases de toque campanero que indican momentos totalmente distintos y que servían para dar a conocer a los habitantes una serie de causas que originaban estos y que les advertían de peligros, alegrías, oraciones y acontecimientos? Pues es cierto, tú mentalmente has recordado la noche del 31 de Octubre, conocido también como una noche de difuntos. A pesar de los toques lúgubres dados de forma machacona durante toda la noche, no dejaban de tener cierto encanto y belleza, mis ramas en esas fechas se encuentran desnudas, carecen del vestido que les proporcionan las hojas primaverales y veraniegas. Las nieblas, los relentes y las escarchas, cubre tronco y ramas, sobre todo las últimas cuando caen con fuerza y la amanecida es fría posiblemente quede más embellecido con la blanca escarcha que con los copos de nieve y los carámbanos que se forman. Por regla general esa fecha corresponde a días fríos, hay quien dice que son tan fríos como la misma muerte, sin embargo esta no es tan fea como se dice, tú mismo estás delante de un cadáver y mi viejo tronco y mis pocas ramas te han hecho sentirte atraído por mí, no me has visto feo, sino más bien todo lo contrario, te ha cautivado mi presencia, entonces, ¿por qué demonios los mortales humanos dicen que la muerte es fea? Esa noche el rítmico sonar del tin-tan-ton-tun repetido unas diez veces y más de cien veces diez en vez de entristecerme, aunque la gente no se daba cuenta, mis ramas se elevaban al cielo en una sentida plegaria y oración. Bello, muy bello, muy bellos eran esos momentos. |
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